Recientemente, escuché a alguien decir: “Me siento incompleto, me falta el amor sin condición de mi madre”. Mi respuesta fue decirle que el amor de una madre es inmensamente grande; pero aun así no es comparable con el amor de Dios; no obstante, Dios usa al amor de una madre con sus hijos, para tasar la forma en que Él también nos ama a todos.

 Amados hermanos y amigos, en esta entrega de Reflexiones en Familia, compartiremos una maravillosa palabra que se encuentra en Isaías, capítulo 49, versículo 15, de la versión Reina-Valera 1960, la cual dice: "¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti" .

 Querido hermano, en esta porción de la Palabra, Dios habla a su pueblo a través del profeta Isaías, estableciendo un símil entre el amor de una madre por sus hijos, que es muy grande pero limitado en el tiempo, y el amor de Dios por nosotros, que es superior y eterno.

 Este pasaje bíblico nos da a entender a través de una interrogante, que tal como una madre no se olvida de su hijo, el Señor tampoco se va a olvidar de nosotros; y seguramente, que es por dicho versículo que se deja escuchar la frase: ¡el único amor que se parece al de Dios, es el amor de madre! 

 El amor incondicional de Dios, nos hace sentir que podemos confiar en Él en los momentos difíciles, sin importar las realidades por las que estemos pasando, porque su amor, tal como el de una madre, sobrepasa todo límite humano imaginable y siempre está disponible para cada uno de nosotros.

 Querido amigo, si estás atravesando por un momento difícil, desfavorable, aciago; un momento de duda o sencillamente te sientes solo, aférrate a tan maravillosa promesa de Dios y descubre el consuelo en su infinito e incondicional amor. Dios nunca se va a olvidar de nosotros, incluso, aun cuando todos los demás nos dejen.

¡El amor de una madre solo lo supera el amor que Dios tiene por cada uno de nosotros!

 Amados, en esta fecha especial que apartamos para honrar y celebrar a nuestras madres, la Palabra nos enseña que las madres son un regalo de Dios, y que su amor puro e incondicional, son el reflejo del amor de Dios por nosotros.

 En la Sagrada Escritura conseguimos grandes ejemplos de grandes madres quienes nos dejan excelentes lecciones de amor, destacando el de Ana, madre de Samuel. Ella era una mujer generosa que anhelaba tener un hijo; pero su esterilidad la inundaba de angustia. Ella, en lugar de darse por vencida por la desesperanza, dispuso volverse a Dios en oración por un hijo, porque ella confiaba en el poder y la misericordia de Dios para responder a sus súplicas.

 Ana prometió que si Dios le daba un hijo varón, lo consagraría íntegramente al servicio del Señor; estaba dispuesta a renunciar al “derecho de maternidad” para cumplir con su palabra. Dios escuchó la oración de Ana y le concedió la bendición de concebir y dar a luz un hijo.

 Amigos y hermanos, esta historia nos enseña, que la fe y la entrega a Dios traen consigo bendiciones y cumplimiento de promesas. Ana nos inspira a confiar en Dios aun en medio de dificultades, recordándonos que Dios está presto a escuchar nuestras oraciones, obrando de manera sobrenatural. 

 Hoy día las madres han experimentado diferentes desafíos tal como Ana; pero, en medio de cualquier prueba, Dios las fortalece y las alienta a confiar en su señorío, haciéndolas ver que nunca las abandonará.

“Jehová te bendiga, y te guarde; Jehová haga resplandecer su rostro sobre ti, y tenga de ti misericordia; Jehová alce sobre ti su rostro, y ponga en ti paz”. Números 6:24-26

¡Bendiciones infinitas para todos!

Por The EL News

Enrique López Alfonzo Director - Editor The EL News.com Premio Latinoamericano de Oro Periodista de Investigación 2021 ÷584245428120

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